viernes, 7 de octubre de 2016

ANTONIO BIENVENIDA. “IN MEMORIAM” / por José María Sánchez Martínez-Rivero.

Antonio Mejías "Bienvenida" 
Caracas, 25.06.1922 / Madrid, 07.10.1975

En este mes de octubre se cumplen 41 años de la muerte de Antonio Mejías Jiménez, “Bienvenida”, en los campos de El Escorial. Antonio, don Antonio, después de 41 años sigue siendo torero.


ANTONIO BIENVENIDA. “IN MEMORIAM”

José María Sánchez Martínez-Rivero.
Octubre de 2016, en Collado-Villalba.
El nombre de Antonio Bienvenida significa para el toreo el de una figura señera: el arte, la torería y la eterna sonrisa.

Mucho se ha escrito y varias son las biografías del maestro. Pero, ¿cuál era su pensamiento taurino? Trataremos de averiguarlo. En las muchas entrevistas que concedió se puede apreciar; pero habría que ir una por una para saberlo. Vamos a resumir algunos de esos pensamientos taurinos en este modesto ensayo.

En cuanto a los gestos en el toreo se expresó así:

“Los gestos en el toreo engendran una encendida pasión, necesaria para el subsistir de la Fiesta.” 

En 1947, el maestro sostuvo con el gran torero azteca Carlos Arruza, cierta polémica sobre que es el toreo. Llega a la conclusión de que el toro lo arregla todo y dice:

“Creo, sinceramente, que el toro lo arregla todo. ¡Indudablemente! A unos nos eleva a la gloria; a otros nos echa a la cama, y a los más, al olvido.”


Nadie dudaba de su integridad profesional pero él lo deja muy claro: 

“Soy un torero a cuerpo limpio. Que es lo más difícil que se puede ser en el toreo.” 

En la corrida celebrada en Barcelona el 26 de julio de 1942 el toro “Buenacara” de la ganadería de don Ángel Sánchez, lo empitona muy grave, teniendo que oír desde el tendido, antes de la cornada:

“¡Embustero, déjate de cuentos!”

Reproche injusto a un torero con una profesionalidad extraordinaria.

El maestro explicaría el porqué de la cornada:

“Se equivocó el toro. El cambio se lo di al citarle la segunda vez, y en la primera que lo intenté pudo equivocarme el toro, que acudió trotón y meciéndose en el viaje dando “cambayadas”, y no me equivoqué porque le di ese muletazo del que se habla y lo eché fuera. Entonces uno del tendido -¡Dios se lo pague!- me gritó: “¡embustero, déjate de cuentos!” y como no soy embustero ni cuentista y el toro se iba a prestar, le cité de nuevo más largo, y se me vino muy fuerte, pero derecho, y yo muy a tiempo, más a tiempo que nunca, le di la salida, que no tomó, yo no sé por qué, o porque no pudo, por exceso de velocidad, o porque no venía fijo en mí. Pero esto segundo no puedo asegurarlo, porque yo no vi quien pudiera estar detrás. Pero conste que el toro se equivocó y acertó a la vez, porque la obligación del toro es coger al torero. Mas como la obligación del torero es torear bien y poder más que el toro, en cuanto me ponga bueno y salga a torear, le doy un cambio a muleta plegada al lucero del alba.” 

El 12 de octubre de 1942 y en Barcelona -corrida de su reaparición-, le dio el cambio, a muleta plegada, a su primer toro. Gesto y gesta. 

Creía en la inspiración del torero para realizar, delante del toro, una obra de arte que se transmita a los tendidos:

“En Sevilla cuando maté los seis novillos, fue la primera vez que de verdad, me sentí torero; pero en Salamanca fue donde, también, por primera vez, sentí durante toda la tarde, el toreo. Ni un solo momento dejé de estar inspirado.”


No permitía, que en su presencia, se criticara a un compañero minimizando la forma de torear del aludido. En cierta ocasión un taurino -crítico con el toreo de Manolete-, le dijo que el diestro de Córdoba era como si:“Llevara la misma faena en la maleta.” Bienvenida, molesto con este comentario, matizó:

El maestro, admirador y amigo de, era consciente de la presión que el torero de Córdoba tenía en la temporada de 1947. Nos dice estas sentidas palabras:

“Debió pasarlo muy mal en sus últimos días. Fue excesiva la incomprensión que le rodeó en las tardes anteriores a su cogida mortal en Linares.Le exigían demasiado y como siempre lo dio todo, hasta entregar su vida en una estocada y por triunfar como siempre. Era inmensa su hombría.

Tan envidiado; y al sentir frío en la enfermería, no había mantas, y le arroparon con un capote.

Nunca olvidaré que al meterlo en la sepultura faltaba la luz, pues llegamos al cementerio ya de noche. Bajo la débil luz de un candil le dimos sepultura. ¡A quien fue tan grande! Sentí algo tremendo que jamás olvidaré.”

Antonio Bienvenida fue inmensamente solidario con sus compañeros retirados o necesitados. En 1947 y en septiembre, la empresa de Madrid había previsto celebrar la corrida del Montepío. En el cartel Manolete y Antonio Bienvenida que actuarían desinteresadamente.


No pudo ser por la muerte del torero cordobés. En gesto magnífico decide torear los seis toros. Nos dice:

“Pensé que yo solo, matando seis toros en Madrid, llenaría la plaza y le haría un buen quite al Montepío. Me ofrecí –sin decirle nada a mi padre- y me aceptaron el que yo matara seis toros de A.P. que previamente, habían comprometido para la corrida...

Tuve suerte aquél 21 de septiembre, salieron buenos los toros, me dieron orejas, y me tocaron las palmas. La afición de Madrid respondió superior, pues llenó la plaza. Me sorprendió muchísimo que me llevaran en hombros hasta el sanatorio de toreros, y de allí a mi casa.”

Leyendo la estadística del programa de mano -que obra en nuestro archivo- el maestro fue muy modesto al decir:

“Me dieron orejas.” 

Cortó cuatro. Una al primero, otra al segundo y dos al sexto. Banderilleó a cinco de los seis toros con su arte sabido. Estuvo muy bien con el capote en el tercero y en el último. Buena faena de muleta al primero y excepcional al sexto matándolo de pinchazo y estocada fulminante. 

El toro al que le corta las dos orejas tenía por nombre “Limonero”, número 47, de pelo negro. 

Vistió de verde y oro, su color favorito.

Los toros –bravos y nobles-, fueron de don Antonio Pérez de San Fernando (Salamanca) con divisa grana, amarilla y verde.


Torear para él era un motivo de alegría, así lo reflejó en una entrevista una vez retirado:

“El toreo siempre ha sido un motivo de alegría porque lo he hecho con una gran satisfacción y con una gran afición y eso produce alegría. Yo creo que dentro de mi personalidad he tenido momentos melancólicos y momentos alegres; pero yo creo que lo importante en mi vida del toreo ha sido la profundidad que he intentado darle a todo lo que he hecho con el toro.”

Sobre el irse o no irse de los toros decía:

“Hace años que dejé de vestirme de luces, que no es lo mismo que irme del toro, porque yo no soy de los que se han ido. Siempre estaré en esto, pase el tiempo que pase, mientras aguante el peso de la muleta y el estoque en la mano.”

Conviene traer a colación lo escrito por José María Pemán hablando de los toreros retirados:

“El ser torero es una síntesis de valores físicos, somáticos y psicológicos que imprimen carácter. Nadie puede ser “ex-torero.”

El Guerra paseándose por el Gran Capitán de Córdoba; Belmonte en su café de Sevilla; Domingo Ortega en el Ateneo; seguían siendo toreros.”

El maestro, aunque retirado, seguía siendo torero. 

¿Que sentía cuando no toreaba?

“Siento dentro de mi un enorme vacío cuando no toreo. No sé lo que va a ser de mí cuando me retire definitivamente de los toros, porque yo preciso, como si fuera una droga, este desasosiego que se experimenta cuando se viste uno de luces. Es algo incomparable.”

En este mes de octubre se cumplen 41 años de la muerte de Antonio Mejías Jiménez, “Bienvenida”, en los campos de El Escorial. Antonio, don Antonio, después de 41 años sigue siendo torero.

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