miércoles, 5 de noviembre de 2014

LA TARDE DE GLORIA DE FLORENCIO CASADO "EL HENCHO".



"El Hencho" la tarde de su triunfo sevillano (El Ruedo)


"...en aquella décima de la feria sevillana, celebrada el domingo 19 de abril de 1970, con “El Hencho” toreaban José Martínez “Limeño”, que le cortó las dos orejas a sus dos “miuras”, y Sebastián Palomo Linares, al que se le concedió una oreja en cada enemigo, para luego salir los tres espadas y el conocedor de la ganadería de Zahariche a hombros por la Puerta del Príncipe..."


Aunque haya pasado como en segundo plano, porque coincidió cuando todo el toreo quiso despedir al gran maestro José María Manzanares, estos días se han ido para siempre Florencio Casado "El Hencho", un valiente y honrado torero cordobés que tuvo sus tardes de gloria, como lo atestiguan su salida por la Puerta del Príncipe de Sevilla, en abril de 1970, y las dos veces que abrió la Puerta Grande de Madrid, en los años 1971 y 1974. En esta hora del adiós, es un buen momento para rememorar lo ocurrido en el ruedo de la Maestranza en la tarde de un 19 de abril, en la décima y ultima corrida de la feria de 1979, ante una serie y buena corrida de Eduardo Miura.


En las páginas del semanario “El Ruedo”, contó Don Celes --seudónimo taurino de un periodista histórico, Celestino Fernández Ortiz-- que en aquella tarde “cuando El Hencho, animoso y animado, citó desde el centro de la plaza al sexto y éste acudió́ a enorme velocidad y giró tras la muleta, bien corrida por la mano derecha del torero, la impresión general era que la faena iba a ser coser y cantar. No había motivo para creerlo, porque el toro ya había descubierto su madurez y sus «ideas» en lucha con los caballos, en la que siempre tendió a desembarazarse de la vara. Pero, ¡entraba tan bien a la muleta!..”.

Y añadía: “Hasta que, de pronto, al citar por la izquierda, El Hencho fue desarmado, empitonado y derribadó, siendo buscado por su enemigo, saliendo ileso por la mano de Dios. Era, sencillamente, que se trataba de un miura, que es un toro que aprende, que en tiende y que busca al hombre detrás del engaño”.

“Este episodio --decía el cronista-- , que rozó la negra frontera de la tragedia, se hacía, en cierto modo, precisa, en esta corrida triunfal, porque la revalidaba entera y explicaba que un público que sabe de toros haya otorgado, con largueza, hasta ocho orejas. Porque todo lo premiado ostentaba el mérito adicional de haber sido hecho a miuras, a toros con sentido y peligro, amén de historia y leyenda”.

Y a modo resumen, añadía Don Celes: “El Hencho sé entrega en sus dos toros exponiendo tremendamente. En el tercero las cosas le ruedan bien y la faena es muy completa, para una estocada y descabello a la segunda. Oreja. En el que cierra plaza ya dejamos hecha mención de lo que ocurrió. Después de ser derribado y empitonado, sin consecuencias, El Hencho tiende a abreviar y mata a la tercera, clavando bien el estoque. Otra oreja”.

Para más tarde enfatizar en su crónica explicaba el sentido de las ocho orejas que se habían cortado: “En total, como decíamos antes, ocho. Es la cifra que resume una jomada feliz —a plaza llena— en la que los toros, para todos, han sido una fiesta grande. La han proporcionado toros con presencia y sentido —amén de trapío, peso, defensas y dificultades—-. Toros de Miura. Toros con historia y con leyenda, que hoy se han enriquecido en justicia. Y que han dado cerrojazo de oro a los diez festejos de esta Feria, larga como un día sin pan, de la que nos ha compensado esta apoteosis final”.

Pero no muy diferente es la opinión que le mereció al cronista sevillano Don Fabricio II --otra firma con mucha historia en el periodismo sevillano-- en su crónica titulada “Apoteosis del optimismo” explica el clima y el desarrollo que tuvo esta tarde. “Los toros de Miura, los de la leyenda luctuosa y terrorífica, los repudiados por la mayoría de los catalogados como figuras –a ver si cunde el ejemplo de Palomo Linares--, han levantado la feria, la han sacado de la sima de la languidez para elevarla hasta la cumbre del optimismo”. Y al referirse a “El Hencho” escribe: “Salió también triunfante de la prueba. Puso a contribución una plausible denuedo y su labor fue altamente meritoria”.

Y al entrar en materia afirmaba: “Su primer toro --tercero de la tarde-- era un hermoso ejemplar, que empezó la pelea en tono espectacular, pero terminó doliéndose al castigo. A la muleta llegó perfectamente toreable, sin más defecto que el echar un tanto la cara arriba. El Hencho se confió y se centró con él, pasándolo por ambos lados, con tranquilidad y buenas maneras. Entró guapamente para cobrar una estocada arriba y acertó con el verduguillo a la segunda tentativa. Cortó una oreja”.

El relato que el cronista hacía de lo ocurrido con el que cerraba plaza decía así:“El sexto cabeceó y reculó ante el caballo. Navarrito le prendió un gran par. Después de doblarse con su adversario, lo citó El Hencho desde los medios. Acude bien el animal y el cordobés lo aguanta gallardamente y le da pases muy estimables sobre la derecha. Al cambiar de mano, cambia también la decoración. El diestro es cogido aparatosamente. El toro se descompone. Hay oleadas inquietadoras, que aconsejan terminar. Un pinchado bien señalado, otro hondo arriba y, a la tercera, una estocada eficaz. Otra oreja para El Hencho, la octava de la tarde, y el desbordamiento del júbilo en la apoteosis final".

Como se recordará en aquella décima de la feria sevillana, celebrada el domingo 19 de abril, con “El Hencho” toreaban José Martínez “Limeño”, que le cortó las dos orejas a sus dos “miuras”, ySebastián Palomo Linares, al que se le concedió una oreja en cada enemigo, para luego salir los tres espadas y el conocedor de la ganadería de Zahariche a hombros por la Puerta del Príncipe.

►Nacido en Córdoba el 24 de junio de 1945, Florencio Casado “El Hencho” –apodo que le viene de tradición familiar—se vistió por primera ves de luces en Priego de Córdoba en mayo de 1964, para debutar cuatro años más tarde con picadores en Montoro. 
En Madrid se presentó como el 1 de mayo de 1969.. Su alternativa tuvo lugar en la plaza de Córdoba, el 1 de junio de 1969, siendo su padrino Gabriel del Haba “Sorito” y el testigo Fernando Tortosa, con toros de Gerardo Ortega, un cartel completamente cordobés. En aquel mismo verano, en las corridas agosteña, confirmó el doctorado en Las Ventas. Al año siguiente vino la Puerta del Príncipe de la Maestranza, y de seguido sus dos Puertas Grandes madrileña, en 1971 y 1974, pero también una muy grave cornada. Su ultima actuación como matador de toros tuvo lugar en su ciudad natal en 1980, lidiando una corrida de Celestino Cuadri con Paco Ojeda y Agustín Parra “Parrita.

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