martes, 11 de septiembre de 2012

UTRERA: DESPEDIDA DE PEPE LUIS, EL TORERO QUE NOS HIZO SOÑAR.

Morante y Pepe Luis salen a hombros del coso de Utrera 
Foto: Brazo Mena

Cortó una oreja, pero salió a hombros con Morante, que desorejó al último

ANDRÉS AMORÓS / UTRERA (SEVILLA)
ABC.-El día grande de la Virgen de la Consolación, a Utrera acudimos, como peregrinos del arte, miles de aficionados: se despide Pepe Luis hijo y le acompaña Morante. Recuerdo una copla: «Es igual que un vino viejo / el buen toreo, / que se bebe despacio, / con paladeo». Eso esperamos saborear, esta tarde.

Estos campos son —según Salvador de Quinta— «cuna del toro bravo», evocan nombres tan ilustres como el Barbero de Utrera, Juan Belmonte, los Guardiola...

El primer Festival Flamenco, el Potaje de Utrera, nace el mismo año que Pepe Luis Vázquez Silva, en 1957, hace ya cincuenta y cinco años. «El Niño», el hijo del maestro Pepe Luis, alimentó las esperanzas de que reviviría el arte de su padre y de su tío, Manolo: naturalidad, pureza, facilidad, clasicismo... Tomó la alternativa en 1981. En el vídeo que Achúcarro dedica a su padre, se incluye también una preciosa faena del hijo, en Huelva, que no desmerece. El público madrileño, tanto como el sevillano, quiso «adoptarlo». Con todas esas cualidades, ¿por qué no llegó más alto? Está claro: solamente le faltó decisión, temperamento luchador; clase, la tenía toda... Hace ya años que no torea en público: acierta esta nueva empresa (Paco Dorado y Rondino) al ofrecerle la oportunidad de despedirse. Por eso acudimos tantos, esta tarde, en peregrinación artística, a Utrera.

Abre el festejo el rejoneador Cañaveral, que lucha con la dificultades de la res de Murube y tarda en matar.

Morante de la Puebla, el diestro actual que puede estar más cerca de ese concepto sevillano del toreo, borda las verónicas en el tercero: muletazos con sabor y empaque a un toro muy parado. Mata mal: todo se diluye.

Vuelve a dibujar preciosas verónicas en el último. Inicia la faena de muleta por alto, corre la mano con suavidad en derechazos solemnes, cada vez más lentos, que levantan clamores. También lo conduce con armonía por la izquierda, aunque el toro es más remiso. Los últimos muletazos, acompañando con la cintura, son de una estética fuera de lo común. Y, como sabe que ha hecho una gran faena, esta vez sí entra a matar con decisión: dos orejas. Pero lo importante es que ha estado a la altura del acontecimiento. El toreo sevillano —como todo arte auténtico— no muere nunca.

Saca castita el colorado de Juan Pedro, astifino, que hace segundo. Pepe Luis acusa lógicamente la inactividad. Juega bien los brazos a la verónica y dibuja una media de categoría. Brinda a su mujer, a la que acompaña su sobrino, que quiere ser torero. En la muleta, todo se queda en probaturas sin fortuna. Mata con habilidad: cariñosas palmas.

El cuarto es chico pero tiene genio. No lo brinda Pepe Luis. Con la muleta muy planchada, dibuja derechazos con sabor, corre la mano de maravilla en los naturales, remata con salero. Es un toreo frágil, emocionante, dentro de un estilo que ya no se ve: pura escuela sevillana. Por pinchar, se queda en una sola oreja pero deja en el paladar el sabor que todos estábamos deseando.

La esencia

He recordado, esta tarde, los versos que Gerardo Diego dedicó al padre de este Pepe Luis: «Es un torero nuevo de Sevilla la vieja / que los rancios saberes perpetúa y destila». Y la hermosa definición de su arte: «La esencia de un toreo de cristal, fino, fino...» Hermoso y frágil, como el cristal de Murano. Esa es la línea que ha intentado, también, seguir este Pepe Luis.

Su toreo nos hizo soñar.Los sueños también se acaban. (Hoy, ha concluido éste, en la Plaza de Utrera). Pero, mientras duran, son hermosos, nos acompañan y nos consuelan.

Comentando a Jorge Manrique, señala Pedro Salinas que nuestro tiempo, tan angustiado, debe tener como patrona a la Virgen de la Consolación: justamente, la que es patrona de Utrera. Aquí, el día de su Fiesta, se ha despedido del toreo un artista: aquel «Niño» rubio que nos hizo soñar y disfrutar. El propio Manrique nos da la mejor conclusión: «Nos deja harto consuelo / su memoria».

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