quinta-feira, 1 de dezembro de 2016

PALABRAS DE LUCIANO NUEVO EN FUNERAL JOSELE

FOTO - FORO TAURINO JR.
Conocí a Josele hace 50 años, en 1966. Yo tenía 12 años y él no alcanzaba los 19. En aquellos tiempos andaba los caminos de Extremadura intentando hacerse torero en aquellas duras capeas en plazas de carros y talanqueras. En mi pueblo, Casatejada, le vi triunfar y le vi caer. Con un cornalón en la femoral se lo llevaron a Cáceres en un mil quinientos de estridente sonido a hojalata y penetrante olor  a gasoil, superando todas las curvas  y todas las adversidades del Puerto de Miravete. Muchos castejaos le dieron por muerto a consecuencia de la cornada. Pero Josele ganó aquella batalla; tal vez la Virgen de la Soledad, patrona de Casatejada, el médico, el practicante, el renqueante mil quinientos de gasoil, la veleta de la torre... tal vez las circunstancias se confabularon para que Josele llegara vivo a Cáceres, y se le concediera una prórroga de 50 años más de vida intensa y apasionada.
Volví a encontrarme con él 32 años después en el hotel Parque Sur de Leganés, en un coloquio taurino. En el momento de reconocernos me dijo: "En tu pueblo me salvaron la vida". No he vuelto a perderle de vista en estos últimos 18 años. He estado muy cerca de él, en lo físico y en lo espiritual. Compartimos vecindad, compartimos afición, compartimos amistad. Esa amistad que Josele tanto cultivaba. Esas llamadas de teléfono, un día sí y otro también, solo para saludarte, para saber de tí, y para que tú supieras que él seguía ahí. Tantas llamadas, tantas alegrías, tantos momentos, tantos amigos...
Luego llegó la cornada última, la más fuerte; 2 años y medio luchando; luchando a muerte sin perder la sonrisa, ni la ilusión, ni las ganas de vivir. De hospital en hospital; de operación en operación; debilitado y demacrado, pero su sonrisa ahí seguía; y sus ansias de vivir; y las llamadas; apenas se veía, o se intuía, con un gramo de fuerza, ya estaba llamando, ya estaba proyectando, ya estaba comprometiendo; comprometiéndonos en su amistad; llamando de nuevo para hacerte ver que seguía ahí; ahí, en la amistad que constantemente cultivaba; porque te cultivaba, te enganchaba, te obligaba a seguir ahí, preso de su bondad, de su espontaneidad, de su amistad. Cada día más amistad y más amistades. Cuantos le conocimos fuimos atrapados en su red, en su red de verdades y de bondades. 
Pero la cornada, por fuerte y por última, se lo llevó al fin con sus sueños de torero y sus ansias de vivir. Este año se fue tu Víctor Barrio, nuestro Víctor Barrio; se fue también aquel practicante que te salvó la vida en Casatejada hace 50 años; y este año, este 2016, en su penúltima curva, te llevó a tí también para reunirte con ellos. Nos dejas tristes; con el paso cambiado, esperando tu llamada de cada día. Pero, aún el dolor de tu ausencia física, somos afortunados de poder vivirte en el recuerdo; en el recuerdo alegre de los grandes momentos vividos a tu lado; en el recuerdo de tu sonrisa fácil, de tu espontaneidad sincera, de tu entusiasmo, de tu garra, de tu verdad; de tanto que te dabas, de tanto que nos dabas. Ahora, por suerte, tanto de tí, tanto de bueno, se ha quedado para siempre con nosotros.
¡Hasta siempre, amigo!. ¡Hasta siempre, torero!.

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