domingo, 20 de septiembre de 2020

 EN EL TRISTE E INESPERADO ADIÓS DE ANTONIO CARRASCO MI AMIGO DEL ALMA



Por Juan Miguel Núñez Batlles 

En el adiós inesperado de mi querido amigo Antonio Carrasco, amigo del alma, que hoy partió al Reino del Señor, no hay palabras para definir o expresar los sentimientos que me embargan al evocar su figura. Y no es táctica literaria recurrir al viejo adagio que se utiliza en estos casos: no hay verbo ni voz, no. Porque se bloquean y enmudecen las ideas que quieren y necesitan proclamar su entrañable  recuerdo como uno de los mejores dones que me ha regalado la vida.
Memoria de una existencia compartida en el terreno profesional y en la forma de ver las cosas priorizando el valor de lo humano; experiencias que claman por el verdadero sentido de la amistad, que entre nosotros y con nuestras respectivas familias tuvo y seguirá teniendo carácter de bendición. 
En la información taurina fuimos Antonio y yo durante un tiempo un proverbial tándem, con ideario compartido en el programa "El Toreo", de Radio Intercontinental, espacio que nos planteamos y sacamos adelante con tanta honestidad como brillantez  Y lo digo sin remilgo de falso pudor. Fue una época en la que las grandes cadenas y emisoras de ámbito nacional replegaban velas reduciendo drásticamente tiempos de emisión, algunas pasando a la madrugada o directamente a la desaparición, mientras nosotros emitíamos ocho  minutos diarios a las diez de la noche, y una hora los domingos. Cada uno su propio criterio y visión muy personal para enjuiciar el toreo. Antonio siempre más condescendiente, cualidad derivada de su natural bondad. Y enfrente la crudeza de la realidad, entiéndase actualidad, que yo venía contando en editoriales y crónicas con tantos pelos y señales, que a veces sumaba igual número de partidarios entre los aficionados que "amigos" en el bando de los profesionales.
No obstante, las estrategias  estrictamente informativas fueron siempre similares. Y nos respetamos mucho nuestras respectivas parcelas. Antonio no tenía precio como reportero. Su micrófono preguntón estuvo en todas las circunstancias y exigencias informativas   cualquiera que fuera la coyuntura y el personaje a entrevistar; en el tendido desde un Premio Nobel al mismísimo Rey de España, y en el ruedo absolutamente a todos los triunfadores incluido el siempre huidizo José Tomás, amén de otros protagonistas que por circunstancias inherentes al propio espectáculo también fueron noticia, como médicos, familiares de toreros heridos, presidentes y un largo etcétera. Todo esto y más, mucho más, en "El Toreo" de Radio Intercontinental, emisora comercial en la que se valoró notablemente nuestro trabajo, además, muy importante, sin hipotecas externas o extrañas. Y lo cuento, no sé si el bueno de Antonio estará de acuerdo ahora que se ha ido al Cielo, y allí seguro que no valen petulancias, sin embargo, para que algún envidioso sepa que en aquel tiempo ganamos mucho dinero de la publicidad estrictamente comercial, o lo que es lo mismo, sin "sobre" por medio de toreros, ganaderos o empresarios que tanta influencia han tenido últimamente en los medios especializados, y así les ha lucido el pelo.
Antonio Carrasco, heredero espiritual de un genio de la comunicación taurina como fue el inefable maestro Curro Fetén, cumplió a rajatabla la consigna de no molestar, enarbolando para ello en todas sus intervenciones la bandera de la verdad, la sensatez y la cordialidad.
Después de haber estado con Fetén se vino conmigo a la Agencia Efe. Años dorados de la información taurina independiente, cuando paralelamente pusimos en marcha "El Toreo" en la radio. También fue notable su participación en "Clarín" de Radio Nacional de España. E igualmente en su última etapa como cronista de Onda Cero tuvo muchos adeptos.
Del otro Antonio Carrasco de una enorme riqueza espiritual por las virtudes humanas que le adornaban, sabemos bien los que le tratamos en la distancia corta. Fervoroso seguidor y cumplidor de la tradición cristiana. Guardo un gratísimo recuerdo de unos días 7 y 8 de diciembre en su pueblo, Horcajo de Santiago, en la provincia de Cuenca, donde participaba cada año desde el mismo día de su nacimiento en la celebración del "Vítor", la festividad de la Purísima Concepción, ejemplar exaltación del fervor mariano en una representación callejera única.
Son muchas las lecciones de Antonio que tenemos que guardar. Y sin duda que las mejores están ya para siempre en los corazones de su familia, su amada Josefina y los hijos de ambos, Toño y Javi.
A los tres os abrazo, y rezo por él.

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